El Efecto Multiplicador de la Gratitud

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Recorrer Copenhagen en bicicleta es como pasear por el parque de tu casa, es seguro y placentero, todo parece intuitivo y familiar, incluso si es tu primera vez en la ciudad. El ciclismo está tan arraigado en la cultura danesa que se considera uno de los principales medios de transporte. No importa si hace frio, nieve, llueve o hace un intenso calor: los daneses pedalean durante todo el año. Sin embargo, a pesar de ser tan común, el riesgo de incidentes siempre está presente.

Una tarde de fin de semana de agosto, montaba la bicicleta por el distrito de Nyhavn con dirección al puente Inderhavnsbroen. En los alrededores del canal se veían las terrazas llenas y sobre la ciclopista, un constante flujo de bicicletas en ambos sentidos. Justo a la entrada del puente, un hombre que circulaba hacia Nyhavn chocó contra un niño que avanzaba más despacio e invadía el carril contrario. A simple vista, el impacto pareció fuerte. El niño cayó y quedó tendido en su carril, mientras el hombre, impulsado por la velocidad y la inercia del impacto, se detuvo unos metros más adelante.

De pronto el padre del niño—que se encontraba cerca—intervino, lo revisó y, sin dudarlo, se dirigió rápidamente hacia el hombre. Entonces es ahi donde ocurrió algo sorprendente:

El padre del niño confrontó al ciclista y le preguntó;

—¿Estás bien?

A lo que el hombre respondió:

—Olvídate de mí, ¿el niño está bien?

Y así, en un instante, un evento que en la mayoría de las ocasiones provoca una reacción agresiva e impulsiva se tornó en un momento de bondad y reciprocidad con una simple pregunta llena de empatía. Un acto de amabilidad que suavizó el entorno y desencadenó una cadena de generosidad y comprensión.


La gratitud suele ser más visible en los momentos positivos: en los triunfos, en los logros y, en general, cuando algo bueno nos sucede y nos sentimos agradecidos. Sin embargo, expresar agradecimiento durante momentos complicados—de tension, tristeza, en derrotas, o cuando las cosas no marchan como uno quisiera—resulta notoriamente mas difícil.

El mundo del deporte nos ofrece ejemplos muy claros. Tal es el caso de Lionel Messi durante su sorpresiva y emotiva despedida del FC Barcelona, en agosto de 2021. En un contexto gris, marcado por la deshonestidad y la desconfianza, Messi dio una clase magistral de gratitud y humildad.

Se abstuvo de criticar al club y a sus dirigentes, aun cuando era evidente quiénes eran los verdaderos responsables. Evitó señalar culpables, incluso bajo la presión de la prensa. Nunca expresó rencor ni hizo comentarios negativos, cuando eso hubiera sido lo habitual. Tenía claro que, aunque el modo y las circunstancias de su partida no fueron los que él hubiera deseado, el respeto y admiración por el club que creyó en él desde muy pequeño—así como la gente que tanto lo apoyó—estaban por encima de cualquier deseo personal.

A pesar de la dolorosa partida y del sentimiento de traición, Messi centró su mensaje en el agradecimiento y respeto, demostrando una enorme clase como persona. La gratitud y el lado humano que mostró lo enaltecen aún más, generan una mayor admiración y, al mismo tiempo, ponen de manifiesto—sin necesidad de críticas y acusaciones—la verdadera responsabilidad de su salida.


La gratitud es una expresión de agradecimiento y apreciación ante algo positivo que nos sucede. Es reconocer y valorar las cosas buenas que nos pasan. Se manifiesta como un sentimiento positivo hacia alguien o algo que nos ha beneficiado y puede expresarse de distintas formas: mediante actos de generosidad, amabilidad, empatía o bondad.

Por nuestra propia naturaleza, la gratitud suele ser más difícil de sentir y expresar cuando las cosas no salen como quisiéramos, cuando enfrentamos respuestas negativas, rechazos o momentos de frustración. Sin embargo, es precisamente durante en esos momentos cuando la gratitud puede fortalecernos y llenarnos de energía positiva, una energía capaz de contrarrestar la negatividad que nos rodea. Ante una situación desagradable—que pueda generar fricción y molestia—mantener una actitud de agradecimiento y un enfoque positivo enaltece la clase de la persona.

Practicar la gratitud, incluso durante momentos difíciles y situaciones adversas, genera un enorme poder multiplicador. Es una forma de vencer la negatividad, un antídoto contra la ansiedad, la depresión y el estrés. Al practicarla, podemos ver más allá de los problemas inmediatos y darnos cuenta de lo que realmente merece ser valorado y apreciado.

Ademas, la gratitud fortalece las relaciones con los demás. Apreciar las cualidades de otras personas, en lugar de resaltar los defectos o los aspectos negativos, crea una energía positiva y vibrante que eleva a quien la recibe. Ser generoso con las palabras transmite respeto y construye puentes de admiración e inspiración.

La gratitud, en su expresión verbal más inequívoca, se manifiesta con un “gracias”. Es una palabra simple pero poderosa. Un “gracias” sincero retumba en las emociones e impulsa el crecimiento personal y colectivo. Y de una forma más tangible, la gratitud también se expresa al extender una mano de ayuda a quien lo necesita, ya sea porque nos ha apoyado antes o porque otros nos han ayudado y por lo cual buscamos reciprocar ese gesto.

Así como el padre del niño en Copenhagen o el mensaje de despedida de un deportista famoso, pocas respuestas tienen más impacto que la gratitud y la generosidad. Ambos ejemplos demuestran que la gratitud multiplica generando un efecto positivo que trasciende la vida de muchos.